Casi ninguno de los que me leéis (yo tampoco) habréis conocido la televisión en blanco y negro. Casi seguro que la gran mayor parte, de hecho, conocéis una versión bastante refinada de la televisión en color.
Pero allá por los años 30, cuando se empezó a tontear con la televisión en color, se encontraron con un serio problema a la hora de difundir la señal: tenían que mandar más información pero no sabían dónde meterla. Además, tenía que ser una solución que permitiera a las televisiones en blanco y negro ya existentes seguir recibiendo la emisión sin problemas.